17 Feb Sin una transición ecológica justa y democrática la pobreza energética aumenta.
Del 17 al 23 de febrero se conmemora la Semana Europea de lucha contra la Pobreza Energética para reivindicar la visibilidad del problema y buscar nuevas soluciones por parte de administraciones, agentes sociales y económicos y ciudadanía.
Con la llegada del invierno y el aumento continuo de los precios de los servicios energéticos, el sindicato exige medidas de calado para evitar situaciones de vulnerabilidad para aquellas familias que no pueden mantener sus viviendas con unas condiciones energéticas dignas.
► La pobreza energética afecta a la salud y al bienestar de las personas.
La calefacción, la refrigeración, la iluminación y la energía adecuadas para los electrodomésticos, son servicios esenciales que se necesitan para garantizar viviendas energéticamente eficientes y un nivel de vida y salud dignos. Sin embargo, muchas familias son incapaces de satisfacer una cantidad mínima de servicios energéticos para sus necesidades básicas, como mantener el hogar en unas condiciones de climatización adecuadas para la salud (18 a 21ºC en invierno y 25ºC en verano, según los criterios de la OMS). Este fenómeno se denomina «pobreza energética».
Hay que señalar que vivir en una vivienda con temperaturas inadecuadas en invierno/verano o con moho y humedades, influye directamente en la privación material –tener que elegir entre calefacción o alimentación, o calefacción o material escolar–, en el absentismo o bajo rendimiento académico en la población infantil, en la disminución de los contactos sociales y de las oportunidades educativas y laborales de las personas adultas, o en la salud.
En este último caso, la pobreza energética está relacionada con una mayor prevalencia de enfermedades físicas y mentales (asma, artritis, reumatismo, depresión, ansiedad, etc.), que afectan más intensamente a segmentos de población vulnerables como niños, adolescentes y ancianos.
La pobreza energética puede surgir debido a diferentes factores que suponen un aumento de la vulnerabilidad, como la inestabilidad e informalidad de la mano de obra con bajos salarios, el mayor coste de la vida, la eficiencia energética de la vivienda o la falta de conexión formal a redes energéticas fiables, entre otros. Sin embargo, tal y como se puede ver en el siguiente gráfico, es preciso ir más allá de la tríada «bajos ingresos – baja eficiencia energética – gasto elevado»; de hecho el Comité Económico y Social Europeo habla de factores sociales, medioambientales económicos y geopolíticos, y exige una perspectiva integral que implique un análisis global del problema y la participación de las partes interesadas: consumidores, organizaciones de la sociedad civil (incluidos los sindicatos), instituciones públicas y empresas, entre otros.

Las causas de la pobreza energética son profundamente estructurales. "Papel del trabajo social y los servicios sociales en la lucha contra la pobreza energética" Papeles de Energía, 2019. Funcas.
► Actualización de indicadores.
Ante la ausencia actualización de indicadores de la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética desde 2022, tomamos los datos del «Informe de Indicadores de Pobreza Energética en España 2023» , donde se explica y analiza la evolución en 2023 de la pobreza energética por medio de cuatro indicadores, tal y como se puede ver en la siguiente tabla:
Evolución de los indicadores relevantes de pobreza energética desde el año 2018 hasta 2024.
Indicador 2018 2019 2020 2021 2022 2023 2024
Gasto desproporcionado (% hogares).* 15,56 15,6 16 15,6 16,9 17 17,2
Pobreza energética escondida (% hogares).** 10,57 10,60 10,30 9,30 11,30 11,80 12,60
Temperatura inadecuada en la vivienda en invierno (% población). 9,10 7,60 10,90 14,30 17,10 20,70 17,60
Retraso en pago de facturas de suministros de la vivienda (% población). 7,20 6,60 9,60 9,50 9,20 9,60 9,70
*El gasto energético en relación con sus ingresos es más del doble de la mediana nacional. **Porcentaje de los hogares cuyo gasto energético absoluto es inferior a la mitad de la mediana nacional.
Como podemos comprobar, nuestro país parece empeorar sustancialmente sus datos en materia de pobreza energética, lo que se hace más evidente si ampliamos la observación al resto de la Unión Europea. Según datos publicados por Eurostat, España era en 2023 –junto con Portugal– el país europeo con más hogares con problemas para mantener su hogar caliente en términos relativos, prácticamente doblando la media europea del 10,6% de la población que no pudo mantener su hogar adecuadamente caliente.

Sin datos recientes también para el caso de Castilla y León (que eran del 16% de los hogares con un gasto excesivo para poder pagar la energía, y del 8,7% de los hogares con una temperatura inadecuada en 2021, es decir, más de 200.000 personas), sí podemos deducir que los datos pueden haber empeorado, teniendo en cuenta los datos estimados del «Informe de Indicadores de Pobreza Energética en España 2023» de la Universidad de Comillas y los del «El estado de la pobreza. Avance de resultados» de ESPN España; este último indica que la tasa AROPE de Castilla y León es en 2024 del 24%, es decir, que el riesgo de pobreza y/o exclusión social se incrementa hasta afectar a unas 568.000 personas en nuestra comunidad autónoma –una cifra nunca vista desde 2014– por lo que es muy probable que las cifras de pobreza energética aumenten.
► Mujer con menores a su cargo, el perfil de la pobreza energética.
Con un 17% de los hogares españoles realizando un gasto excesivo para poder pagar la energía, y con el 20,7% de la población (casi 10 millones de personas) viviendo en hogares con una temperatura inadecuada, en nuestro país no se puede mirar para otro lado más tiempo.
Cruz Roja indicó recientemente que de las personas atendidas por esta ONG solo un 27% afirma poder mantener la temperatura adecuada en su vivienda a lo largo del año. Destaca, además, el alto número de menores y mujeres afectadas por la pobreza energética, que constituyen un 39% y un 35% respectivamente. También resulta relevante el alto número de familias monomarentales, que representan el 22% de las familias atendidas en 2022. Estos datos, junto a los recogidos en diversos estudios, ponen de relieve que el riesgo de sufrir pobreza energética es mayor entre las mujeres que entre los hombres y aumenta significativamente con la edad y en los hogares sustentados solo por una mujer, sin dejar a un lado a los hogares más grandes (5 miembros o más), a los parados y a las familias monoparentales.
► La transición justa y la acción climática como respuestas a la crisis energética.
Ya hemos señalado las causas de la pobreza energética y algunas de sus consecuencias. Desde una perspectiva más amplia, habría que añadir su interrelación con la crisis climática, y es que no podemos contribuir en la lucha contra el calentamiento global sin incluir el problema de la pobreza energética. Esta interrelación se comprende, por ejemplo, observando cómo España ocupa el octavo puesto en la lista de países más afectados por fenómenos climáticos extremos en los últimos 30 años, según recoge en su última edición del Índice del Riesgo Climático Global, siendo la catástrofe humanitaria provocada por la Dana en varios territorios (Valencia y Castilla-La Mancha) uno de sus últimos ejemplos. Es evidente que la crisis socioecológica y la pobreza afectan gravemente a las comunidades vulnerables y desemboca en una gran desigualdad social, por lo que hay que abordar la transición ecológica desde una perspectiva de lucha contra la vulnerabilidad social.
Desde UGT entendemos que debemos acelerar la acción climática, incluyendo medidas tanto de mitigación como de adaptación, al mismo tiempo que se apuesta por la transición hacia una energía renovable siempre de forma democrática y sostenible, con el centro en las personas más vulnerables. La ecuación es sencilla:
EFICIENCIA ENERGÉTICA + ENERGÍA RENOVABLE + TRANSICIÓN ECOLÓGICA JUSTA = LUCHA CONTRA (EL CAMBIO CLIMÁTICO + POBREZA ENERGÉTICA).
En este sentido, a pesar de las expectativas del Pacto Verde Europeo en España (a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y de la Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030), y sobre todo de la puesta en marcha de la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética (ENPE) 2019-2024 (en la que se establecieron unos objetivos para reducir la pobreza energética en 2025), ni hemos asistido a cambios de gran calado en la lucha contra el cambio climático, ni la lucha contra las desigualdades sociales ha sido suficiente para revertir la pobreza energética en nuestro país. Según ECODES, tan solo el 21% de las medidas contempladas en la estrategia se han implementado completamente y muchas de ellas hayan sido consecuencia, no tanto de la planificación, sino de la necesidad de dar respuesta a la crisis de la COVID y, posteriormente, a la crisis energética como han sido la creación del suministro mínimo vital, la ampliación de los descuentos del bono social o la inclusión de nuevos colectivos como beneficiarios del mismo, así como las medidas de rehabilitación de vivienda vinculadas al plan de recuperación transformación y resiliencia. Además, un 42% de las medias no se han puesto en marcha, entre las que se encontraba un nuevo bono social energético.
La reciente actualización del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) ya ha dado los primeros pasos y la futura actualización en 2025 de la ENPE y del Plan Social para el Clima (PSpC) deben seguir la misma línea. Además de a un estrecho seguimiento de dichos compromisos, desde UGT instamos a introducir medidas que incluyan:
● Revisar el mecanismo de concesión del bono social siguiendo el ejemplo del modelo portugués para que llegue exclusivamente y de manera
automática a las personas que lo necesiten.
● Consolidación de la prohibición de cortes de suministro por impago a los hogares en situación de vulnerabilidad en base al “principio de precaución”.
● Avanzar en la acción climática y en una transición justa hacia un sistema energético que proporcione energía asequible, fiable, renovable y limpia, especialmente a los más vulnerables, creando al mismo tiempo empleos verdes y decentes.
● Adoptar medidas de eficiencia energética, como programas de rehabilitaciones profundas de viviendas sociales, públicas y de bajos ingresos, que reduzcan la demanda de energía y disminuyan la factura energética, creando simultáneamente nuevos empleos de calidad.
● Priorizar las inversiones, ayudas o subvenciones para la rehabilitación energética a los hogares que no pueden asumirla.
● Mejorar la información, capacitación y empoderamiento de los consumidores más vulnerables para controlar y ahorrar en el consumo energético.
● Invertir en servicios municipales para hacer frente a la pobreza energética y ayudar a las familias y grupos de difícil acceso.
Fuentes:
– Asociación de Ciencias Ambientales (ACA).
– Centro de asesoramiento sobre pobreza energética. Comisión Europea.
– «El estado de la pobreza. Avance de resultados«. L. Canals Botas y A. Sanz Angulo. EAPN España, 2025.
– «Índice del Riesgo Climático Global 2025″. L. Adil, D. Eckstein, V. Künzel, L. Schäfer. Germanwatch, 2025.
– «Informe de Indicadores de Pobreza Energética en España 2023». J. C. Romero Mora, R. Barrella, E. Centeno Hernáez. Universidad de Comillas, 2024.
– «La pobreza energética en España en 2023». Servicio de estudios de UGT, 2025.
– «La pobreza energética, una problemática con muchos retos por delante». Cruz Roja.
– «Papel del trabajo social y los servicios sociales en la lucha contra la pobreza energética». E Escribano Alonso y P. J. Cabrera. Papeles de Energía, 2019. Funcas.
– «Resultados de la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética 2019-2024«. Cecilia Foronda, Javier Tobías, Leire Diez. ECODES, 2024.
– «Transición Justa y Crisis Energética». The B Team. Confederación Sindical Internacional.

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