Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos 2026.

Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos 2026.

No basta con pedir a las personas consumidoras que tiren menos. Hay que transformar la forma en que producimos, distribuimos, comercializamos y consumimos alimentos. Y esa transformación también tiene una dimensión laboral y sindical.


► La crisis alimentaria mundial se agrava, espoleada por las crisis climática y energética, y los conflictos bélicos.

Se acerca la séptima edición del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, con el tema centrado en el «Potencial transformador de la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos «. Abordar este problema puede generar un triple beneficio : mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, reducir la presión sobre los recursos naturales y las emisiones de gases de efecto invernadero, e impulsar la productividad y el crecimiento económico. Y es que, aunque en nuestro planeta hay suficiente comida para que nadie tenga que sufrir la falta de alimentos, la realidad sigue siendo muy negativa.

De hecho, una de cada trece personas en el mundo padeció hambre en 2025 (entre 608 y 696 millones de personas). Además, se estima que 2.100 millones de personas —el 25,8 % de la población mundial— sufrieron inseguridad alimentaria moderada o grave, y 2.690 millones de personas (el 32,7 %) en el mundo no pueden permitirse una dieta saludable  ( FAO, 2026 ). El mundo está inmerso en una creciente y devastadora crisis alimentaria. Los conflictos, las crisis económicas, los efectos del cambio climático y el alza del precio de los alimentos se combinan para crear una crisis de hambre de proporciones nunca antes vistas, que agrava las crisis humanitarias en todo el mundo y deja a millones de familias necesitadas de ayuda.

Pero también forma parte de esta realidad el desperdicio de alimentos. Según la ONU, un alarmante 19% de los alimentos disponibles para los consumidores —el equivalente a 1.050 millones de toneladas— se desperdicia , ya sea por ser desechado en comercios minoristas (12%), en establecimientos de servicios de alimentación (28%) o por ser tirado a la basura por los hogares (60%) ( PNUMA, 2024 ). La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, específicamente el ODS 12, meta 12.3, exige reducir a la mitad el desperdicio mundial de alimentos per cápita en los niveles minorista y de consumo y reducir las pérdidas de alimentos a lo largo de las cadenas de producción y suministro.

► Otros datos que no hay que perder de vista.

Además del contexto que ya hemos visto hay otros datos de interés:

  • La pérdida y el desperdicio de alimentos también contribuyen al 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (FAOSTAT, 2025), lo que repercute en el cambio climático y la sostenibilidad ambiental. Por lo tanto, reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos es una solución climática que los países y las comunidades pueden implementar para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y proteger los recursos naturales ( IPCC, 2019 ).
  • Los alimentos que nunca se consumen ocupan el 28% de la superficie agrícola mundial ( FAO, 2013 ).
  • La huella de ocupación terrestre global de la pérdida y el desperdicio de alimentos , que es el total de hectáreas utilizadas para cultivar alimentos que finalmente no se consumen, es de aproximadamente 1.400 millones de hectáreas ( FAO, 2013 ), lo que es mayor que Canadá o China.
  • La pérdida de alimentos también es un fallo del mercado , que representa una pérdida anual estimada de 400.000 millones de dólares estadounidenses en valor alimentario ( FAO, 2019 ).
  • El desperdicio de alimentos conlleva el desecho de alimentos por un valor superior a 1 billón de dólares estadounidenses cada año ( PNUMA, 2024 ).

► ¿Cuánta comida se desperdicia en España?

Los últimos datos oficiales sitúan el desperdicio alimentario en 1.129,91 millones de kilos anuales. Por habitante, esto equivale a 24,3 kilos desperdiciados durante 2025, ligeramente por debajo de la cifra registrada el año anterior. La evolución desde 2020 es especialmente significativa, pues en ese periodo el desperdicio alimentario se ha reducido un 19,2%.

Sin embargo, 2025 introduce un pequeño cambio respecto a la tendencia inmediatamente anterior. Después de que en 2024 el desperdicio descendiera hasta los 1.125,23 millones de kilos, en 2025 vuelve a crecer ligeramente, un 0,4 %. No parece suficiente para hablar de un cambio de tendencia, pero sí sirve para recordar que reducir el desperdicio alimentario exige mantener el esfuerzo en el tiempo.

► Ley de Desperdicio Alimentario en España: ¿Qué es, a quién afecta?

El 2 de abril de 2025 se publicó en el BOE la Ley 1/2025, de 1 de abril, de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario. Esta normativa actualiza y refuerza el marco legal que obliga a toda la cadena alimentaria a tomar medidas activas para reducir el despilfarro de comida en todas las etapas: desde la producción hasta el consumo final. Entre sus medidas clave se encuentran:

  • Exigir a empresas del sector alimentario un plan de prevención de pérdidas.
  • Establecer un orden de prioridades para el destino de los alimentos no vendidos.
  • Incentivar la donación de alimentos seguros.
  • Introducir obligaciones de formación para el personal que manipula o gestiona productos alimentarios.

Los ciudadanos también juegan un papel clave en la lucha contra el desperdicio alimentario. Adoptar hábitos como planificar las compras, aprovechar las sobras y conocer la diferencia entre fecha de caducidad y consumo preferente puede marcar una gran diferencia.

 

► Propuestas sindicales para reducir las pérdidas y el desperdicio alimentario.

Reducir las pérdidas y el desperdicio alimentario exige actuar a lo largo de toda la cadena, pero también incorporar una perspectiva laboral. Desde UGT Castilla y León entendemos que la transición hacia un sistema alimentario más sostenible debe hacerse con las personas trabajadoras y no a costa de ellas. Por ello, proponemos:

  1. Incorporar la prevención del desperdicio a la negociación colectiva. Los convenios colectivos y acuerdos de empresa deben ser un espacio para incorporar compromisos concretos de prevención y reducción del desperdicio alimentario en aquellos sectores y centros de trabajo en los que este tenga una incidencia significativa. La organización del trabajo, la planificación de los procesos y la formación de las plantillas son elementos esenciales para alcanzar estos objetivos.
  2. Garantizar la participación de las personas trabajadoras y su representación. Los planes de prevención del desperdicio alimentario no deben elaborarse sin contar con las personas trabajadoras, pues son estas quienes conocen de primera mano los procesos en los que se producen pérdidas y pueden identificar ineficiencias y alternativas. La participación efectiva de la representación legal de las personas trabajadoras en el diagnóstico, elaboración, aplicación y seguimiento de estos planes es esencial.
  3. Impulsar la medición y transparencia de las pérdidas a lo largo de la cadena. Es necesario mejorar la información disponible sobre dónde, cuándo, cuánto y por qué se producen las pérdidas y el desperdicio, incluyendo las fases de producción y transformación. Disponer de mejores datos permitirá además orientar las medidas hacia los puntos donde realmente se concentra el problema.
  4. Reforzar la compra y contratación pública responsable. Las administraciones públicas tienen una capacidad extraordinaria para transformar el sistema alimentario a través de sus compras y contratos. Los comedores escolares, hospitales, residencias, centros de trabajo públicos y servicios de restauración colectiva deben incorporar criterios de prevención del desperdicio, productos de temporada y proximidad, planificación adecuada de las cantidades y aprovechamiento de excedentes.
  5. Favorecer la redistribución de excedentes sin precarizar el trabajo. La donación y redistribución de alimentos aprovechables deben ocupar un lugar prioritario, tal y como establece la legislación, pero no pueden convertirse en una vía para externalizar costes, sustituir empleo profesional o descargar sobre entidades sociales responsabilidades que corresponden a las empresas y a las administraciones. La prevención debe seguir siendo la primera prioridad y la redistribución de excedentes debe realizarse con garantías sanitarias, laborales y de trazabilidad.
  6. Convertir la prevención del desperdicio en una política de transición justa. La reducción del desperdicio debe formar parte de una transformación más amplia hacia sistemas alimentarios sostenibles, resilientes y eficientes en el uso de los recursos. Esta transformación puede generar nuevas necesidades de formación, innovación y empleo en ámbitos como la logística, la conservación, la reutilización, la economía circular y la gestión de excedentes. Reclamamos que estos nuevos empleos sean empleos verdes y decentes, con derechos laborales, estabilidad, cualificación y participación de las personas trabajadoras.

 

En definitiva, prevenir el desperdicio alimentario también es una cuestión laboral. Se trata de aprovechar mejor los alimentos, pero también los recursos naturales, la energía y el trabajo que hay detrás de cada uno de ellos. La transición hacia un sistema alimentario más sostenible no puede limitarse a cambiar los hábitos de consumo: debe transformar los procesos productivos y la organización del trabajo, y contar con la participación activa de quienes hacen posible que los alimentos lleguen hasta nuestras mesas.

Fuentes:

Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos.

El desperdicio de alimentos contribuye a la crisis mundial del hambre.

Ley de Desperdicio Alimentario en España: ¿Qué es, a quién afecta y si es obligatorio el curso?

Desperdicio alimentario en España: datos actualizados de 2025.

 

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