El día internacional de las montañas pone la mirada en la conservación de los glaciares.

El día internacional de las montañas pone la mirada en la conservación de los glaciares.

El Día Internacional de las Montañas centra el tema de 2025 en la importancia de la conservación de los glaciares para la agricultura, la seguridad hídrica y los medios de vida de las comunidades vulnerables de las montañas.


«Glaciares: cruciales para el agua, la alimentación y los medios de vida en las montañas y más allá».

► Montañas, esas joyas naturales que debiéramos atesorar.

Las montañas, además de servir de asentamiento a numerosos pueblos o ser un escenario ideal para practicar actividades ligadas al ocio, al deporte o a la investigación, por ejemplo, son veneradas en todo el mundo como lugares místicos que tienen el poder de evocar un intenso sentimiento de lo sagrado, algo que no debe de extrañarnos al ser una fuente excepcional de recursos ecosistémicos. Las montañas albergan el 15% de la población mundial (unos 1.100 millones de personas) y aproximadamente la mitad de la reserva de la diversidad biológica del mundo. El creciente interés acerca de la importancia de las montañas llevó a la Asamblea General de la ONU a conmemorar desde 2003 el primer Día Internacional de las montañas. Recientemente, también se proclamó 2025 como Año internacional de la conservación de los glaciares.

 

El territorio de Castilla y León debe su complejidad en buena medida al cíngulo montañoso que se extiende casi en todas direcciones hacia su periferia, y alberga buena parte de los espacios naturales protegidos. Son una reserva fundamental de agua dulce, por lo que su conservación resulta no solo clave, sino crucial, tal cual especifica el Objetivo 15 de los ODS. Efectivamente, las montañas castellanas y leonesas están sufriendo los efectos del cambio climático y del desarrollo insostenible, aumentando los riesgos para las personas y las comarcas afectadas. El cambio climático amenaza el flujo de agua y el rápido aumento de las temperaturas obliga a las especies de montaña que dependen de estos ecosistemas a adaptarse o migrar. Diversas actividades ligadas al extractivismo intensivo, la acumulación innecesaria de infraestructuras o —especialmente este año— los incendios forestales, pueden causar la erosión del suelo, así como la pérdida del hábitat para numerosas especies. Además, la erosión y la contaminación dañan la calidad del agua que fluye río abajo. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), está en peligro de extinción hasta el 84% de las especies endémicas de montaña, mientras se prevé que las poblaciones de una diversidad de otras especies de plantas y animales de montaña disminuyan y se enfrenten a la extinción.

A nivel global, hay que sumar el hecho de que el derretimiento de los glaciares va a una velocidad sin precedentes, y amenaza el suministro de agua dulce de millones de personas. Muy lejos del volumen de los ingentes glaciares andinos o del Himalaya, recientemente se ha constatado la muerte de uno de los últimos glaciares de nuestra comunidad autónoma, y que conformaban una parte clave del patrimonio natural de los Picos de Europa: el glaciar leonés Trasllambrión, que encara su decadencia tras al menos 700 años seguidos, y milenios en otras épocas, cubierto de hielo los 12 meses del año. Es nuestra responsabilidad compartida conservar estas antiguas formaciones de hielo, que son un testimonio crucial de la historia de la Tierra, fuente de vida para miles de millones de personas y sitios sagrados para muchas culturas.

 

Soluciones basadas en las montañas para un futuro sostenible, también en Castilla y León.

En territorios como Castilla y León, las montañas son también soporte de comunidades rurales y un elemento clave en la lucha contra la despoblación.

Desde una perspectiva sindical, las montañas son espacios de trabajo y de vida. La gestión forestal, la ganadería extensiva, la silvicultura, el turismo rural o las actividades de conservación ambiental generan un empleo que debe estar protegido por condiciones laborales dignas, seguras y estables. No obstante, otras actividades productivas extractivistas y grandes infraestructuras pueden suponer riesgos cuando no se planifican con criterios de justicia social y sostenibilidad ambiental. La instalación de macroproyectos energéticos sin participación real de la población local ni garantías suficientes, puede convertir estos territorios en auténticas zonas de sacrificio, donde se deteriora el entorno y se precariza la calidad de vida y el trabajo.

Este último año ha vuelto a mostrar con crudeza la vulnerabilidad de las zonas de montaña frente a los incendios forestales, sobre todo en la mitad oeste de nuestro territorio. Los grandes incendios sufridos en diversas comarcas montañosas de León, Zamora, Palencia, Salamanca o Ávila, han tenido un impacto devastador sobre el patrimonio natural, las actividades económicas y las condiciones de vida de las comunidades locales. Desde UGT Castilla y León reivindicamos una política forestal basada en la prevención, la gestión activa del monte, el refuerzo de los dispositivos de extinción y la mejora de las condiciones laborales de las brigadas y del personal forestal.

Por todo ello, exigimos una transición ecológica que no se base en el expolio de los territorios de montaña, sino en su protección activa y en el fortalecimiento de economías locales sostenibles, con evaluaciones ambientales rigurosas, transparencia, participación social y sindical, y empleo de calidad.

En este Día Internacional de las Montañas, reafirmamos nuestro compromiso con un modelo de desarrollo que combine sostenibilidad ambiental, justicia social y empleo verde y decente, para que las montañas puedan seguir siendo territorios vivos.

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