16 Jun Devolverle la vida a la tierra: «Restaurar la tierra, desbloquear las oportunidades».
Hoy ponemos el foco en cómo la restauración de la tierra puede crear empleos, impulsar la seguridad alimentaria e hídrica, apoyar la acción climática y crear resiliencia económica.
Tres años después de los gravísimos incendios forestales de la sierra de La Culebra recordamos la importancia de la anticipación ante los escenarios de riesgo potencial de incendios forestales.
► Cuando la Tierra nos pide ayuda.
La desertificación se debe a la degradación de los ecosistemas secos y subhúmedos, que cubren un tercio del Planeta, y no hace referencia al avance de los desiertos existentes. Muchas de estas zonas son cada vez más vulnerables como consecuencia de la sobreexplotación de los recursos naturales y del uso inadecuado del agua. La pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, las alteraciones ecosistémicas o las malas prácticas de riego, afectan negativamente a la productividad del suelo.
Las sequías se encuentran entre las mayores amenazas para el desarrollo sostenible, especialmente en los países del Sur, aunque bien es cierto que cada vez son más las naciones del Norte global afectadas. De hecho, las previsiones estiman que para 2050 las sequías afecten a más de las tres cuartas partes de la población mundial. El número y la duración de las sequías han aumentado un 29% desde 2000 y, a día de hoy, hay más de 2.300 millones de personas que sufren problemas a causa de la escasez de agua. Se trata de unas cifras crecientes y preocupantes, máxime considerando que uno de cada cuatro niños en el mundo se verá afectado por este fenómeno de aquí a 2040 (UNICEF). Ningún país es inmune a la sequía.

► Un punto de inflexión para el Planeta.
Más de la mitad del PIB mundial depende de ecosistemas saludables. Sin embargo, cada año, un área del tamaño de Egipto se degrada, lo que provoca la pérdida de biodiversidad, aumenta el riesgo de sequía y desplaza a comunidades. Las repercusiones son globales: desde el aumento de los precios de los alimentos hasta la inestabilidad y la migración. Pero restaurar tierras cambia las tornas. Cada dólar invertido en restauración genera entre 7 y 30 dólares estadounidenses en retornos. La recuperación de tierras restaura la productividad, fortalece los ciclos del agua y sustenta los medios de vida de millones de personas en zonas rurales.
Por ello, el Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía de este año se centra en este urgente desafío: restaurar 1.500 millones de hectáreas de tierras degradadas e impulsar una economía de restauración de tierras de un billón de euros para 2030.
Bajo el lema «Restaurar la tierra. Liberar las oportunidades«, la conmemoración de 2025 arroja luz sobre cómo la restauración de la base de la naturaleza (la tierra) puede crear empleos, impulsar la seguridad alimentaria y hídrica, apoyar la acción climática y crear resiliencia económica.

► A tener muy en cuenta.
– Durante la segunda mitad del siglo XX se ha detectado ya una reducción de entre el 10 y el 20 % de los recursos hídricos disponibles en muchas cuencas de la península Ibérica. En el caso de la cuenca del Duero (según el informe Evaluación del impacto del cambio climático en los recursos hídricos y sequías en España), se espera para el horizonte 2010-2040 una reducción de la aportación natural de la cuenca de un 11%.
– La temperatura media del mar Mediterráneo se calienta entre dos y tres veces más que el conjunto de los océanos en el ámbito global.
– Los datos de la AEMET revelan una clara tendencia desde 1971 a temperaturas más extremas, tanto en valores promedio como en máximas y mínimas.
– Según WWF, el 75% del territorio español se encuentra en peligro de sufrir desertificación.
– Según el Atlas Mundial de la Desertificación, España es uno de los países de Europa con mayor riesgo de desertificación. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, España es también uno de los países de la UE con mayor riesgo de incendios, fenómeno que se agrava en situaciones de sequía y en suelos desertificados.
Proyecciones de aridez. Comparación entre 1981-2010 y el 2071-2100 en el escenario RCP8.5.
Atlas Mundial de la Desertificación. Centro Común de Investigación, Comisión Europea.
Como reconoce el informe Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España, se espera, por un lado, un aumento generalizado en la intensidad y magnitud de las sequías meteorológicas e hidrológicas bajo escenarios de cambio climático —debido, principalmente, al aumento de la evapotranspiración y a la reducción de las precipitaciones— y, por otro, una creciente aridez y un aumento del riesgo de desertificación. Dos fenómenos diferentes, pero íntimamente relacionados, con capacidad de generar importantes efectos adversos sobre la sociedad, la economía y los ecosistemas, que se agravarán en un futuro cercano como consecuencia del cambio climático y de la persistencia de un modelo de gestión insostenible de los recursos suelo y agua. Las previsiones, muy negativas, apuntan a que los periodos de sequía en la península Ibérica serán cada vez más frecuentes e intensos que los actuales, lo que agravaría todavía más los procesos de desertificación. En Castilla y León se contabilizan cientos de miles de hectáreas en riesgo alto o muy alto de desertificación, según se observa en el siguiente mapa del Ministerio de Transición Ecológica.

Tres cuartas partes de España están en riesgo de transformarse en un futuro no muy lejano en un páramo infértil sin rastro de agua. No es ninguna exageración. Lo afirma en su web el Ministerio de Transición Ecológica, que añade que un millón de hectáreas (el 2% de la superficie española) están en riesgo muy alto de convertirse en desierto en solo unos años, mientras otros ocho millones (15,82%) se sitúan en riesgo alto.
► UGT Castilla y León con el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía.
Con este escenario, desde UGT Castilla y León instamos al Gobierno castellano y leonés a anticiparse a los peores efectos del cambio climático, impulsando la lucha contra la desertificación y la sequía a partir de la planificación –con la elaboración de una ley de cambio climático y transición ecológica justa que contenga mecanismos fiables de gobernanza–, y a partir de la acción, con el abandono progresivo del modelo de la gestión del riesgo hacia otro donde la prevención, la mitigación y la adaptación estén en el centro. Así, la gestión forestal y agraria debe tender hacia la adaptación de los respectivos ecosistemas a los nuevos escenarios climáticos, con medidas que cuenten con un presupuesto suficiente para poder llevarlas a cabo y con indicadores que hagan cumplir la Agenda 2030 y, específicamente, el Objetivo 15, que recoge la determinación a detener y revertir la degradación de la tierra, una oportunidad para crear cientos de empleos verdes en zonas rurales y para apoyar las prácticas agroecológicas y la soberanía alimentaria. De lo contrario, muchas de nuestras comarcas tendrán que afrontar condiciones más áridas y un mayor riesgo de desertificación, aunque uno de los mayores riesgos son, desde luego, los incendios forestales.
Desde UGT Castilla y León defendemos que los incendios deben combatirse, pero sobre todo, prevenirse, aplicando una política forestal integral y sostenida en el tiempo, que evite el círculo vicioso entre cambio climático e incendios forestales. Un mecanismo de acción temprana evita o mitiga las graves situaciones que año tras año amenazan y calcinan nuestro patrimonio natural y cultural. Los operativos contra incendios deben estar preparados ante eventos de sequía extrema y ante las olas de calor. Es fundamental contar con los medios técnicos y humanos adecuados, pero también y especialmente con la dignificación de las condiciones de estos trabajadores, y con mayor estabilidad en un empleo que sigue careciendo del reconocimiento social que merece, especialmente desde la aprobación de las leyes básicas de bomberos forestales y de agentes forestales y medioambientales.
En relación con el agua, consideramos indispensable establecer una gestión eficiente, así como planes de actuación con medidas destinadas a paliar los efectos de la sequía. Las distintas confederaciones hidrográficas que ejercen sus políticas en Castilla y León deben tener en cuenta los estudios e informes científicos que anticipan una reducción de la disponibilidad de recursos hídricos, especialmente a la hora de autorizar nuevas concesiones a macroproyectos. Además, deberían esforzarse en mantener una postura rotunda e inequívoca frente a la sobreexplotación y la contaminación de los recursos hídricos y la proliferación de pozos ilegales.
Las señales científicas son más que contundentes, pero nuestra vulnerabilidad ante los riesgos climáticos sigue aumentando. Está en nuestra mano intentar mitigar la sequía y los procesos de desertificación, y existen soluciones y herramientas sobradamente conocidas para ello, siempre a partir del fortalecimiento de la participación y la cooperación a todos los niveles, incluidos los sindicatos.
No debemos dejar a nadie atrás.
Bibliografía:
– «Atlas Mundial de la Desertificación». https://wad.jrc.ec.europa.eu/aridityprojections
– Barredo, JI, Mauri, A., Caudullo, G. et al. «Evaluación de los cambios de los climas mediterráneos y áridos según las proyecciones climáticas RCP4.5 y RCP8.5 en Europa«. 175, 3955–3971 (2018). https://doi.org/10.1007/s00024-018-1853-6
– J. Sanz y E. Galán. «Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España». MITECO, 2021. https://www.adaptecca.es/sites/default/files/documentos/impactosyriesgosccespanawebfinal_tcm30-518210_0.pdf
– M. Barranco, M. Dimas, A. Jiménez, F. Estrada. «Evaluación del impacto del cambio climático en los recursos hídricos y sequías en España”, CEDEX, 2018. http://www.cedex.es/NR/rdonlyres/3B08CCC1-C252-4AC0-BAF7-1BC27266534B/145732/2017_07_424150001_Evaluaci%C3%B3n_cambio_clim%C3%A1tico_recu.pdf


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