19 Ago No mires al MONTE: La inadaptación climática no es una opción, es una temeridad (II).
En el invierno de 2022, antes de saber las consecuencias de ese año fatídico y después del incendio de Hermisende (Zamora) que arrasó 2.000 hectáreas, nos preguntábamos por qué estaban fracasando los esfuerzos para evitar este tipo de catástrofes y por qué no se despliegan políticas contundentes de adaptación al cambio climático que puedan mitigarlas. Hoy, con decenas de incendios graves activos en Castilla y León, decenas de miles de hectáreas calcinadas, miles de desplazados, heridos y varios fallecidos, seguimos sin respuesta.
Que este artículo sirva de homenaje para todas las personas que han sido o son ahora mismo desplazadas climáticas, que han perdido sus casas, sus bienes, su empleo, sus paisajes, que están heridos o, lo peor, que han perdido a algún ser querido, luchando en una desigual batalla por salvar lo que es suyo. También para los cientos de trabajadores forestales que lo han dado todo, que han trabajado por encima de sus posibilidades y que son un ejemplo para esta sociedad. Y que sirva para exigir a las administraciones públicas responsabilidad y altura de miras, porque la ciudadanía no necesita pugnas absurdas por la atribución de la responsabilidad ante los incendios, si no que tengan claro que la prioridad de la gente es vivir lo mejor posible, y que sin nuestros bosques, nuestros ríos, nuestros paisajes, o con el desmantelamiento de los servicios públicos, es inviable.
Después de los recientes incendios de Encinedo (León, 2017), Navalacruz (Ávila, 2021) o los de la sierra de La Culebra (Zamora, 2022), nuestros políticos siguen mirando hacia los fenómenos climáticos extremos para encontrar un chivo expiatorio al expolio de nuestro patrimonio forestal y natural. Y es cierto que el cambio climático influye decisivamente en la proliferación y características de estos grandes incendios, pero casi nadie habla de las causas estructurales arrastradas tras décadas de abandono y ausencia de inversiones en el medio rural. Tampoco se mira a la situación de los bomberos forestales, con plantillas insuficientes, trabajos precarios, inseguros y escaso reconocimiento social. Hoy, tras la oleada de incendios de este mes de agosto que todavía consumen buena parte de las provincias de León, Zamora, Palencia, Ávila y Salamanca, parece claro que a nuestros políticos les cuesta cada vez más mirar a un monte donde apenas hay un puñado de votos, una mirada que suele ser en todo caso cortoplacista y reduccionista, carente del sentido común que requiere la administración de los servicios ecosistémicos que son la base de nuestra propia existencia, la de todos y todas.

► Por qué la despoblación y el envejecimiento de los pueblos dan forma al círculo vicioso del cambio climático y los incendios forestales.
Son muchos los pueblos que languidecen demográficamente. No es algo exclusivo de Castilla y León, y la explicación de este escenario es compleja y dilatada en el tiempo. Tras la emigración llegó el abandono por parte de las administraciones y el desmantelamiento de lo poco que había: negocios, servicios, infraestructuras, etc. Con el abandono de los pueblos desaparecen los usos tradicionales de la agricultura y la ganadería, la gestión del monte y del paisaje montano, los saberes ancestrales y, en este escenario, ocurre lo siguiente:
a) Degradación de paisajes naturales y pérdidas de paisajes agrarios y saberes ancestrales. Los paisajes agroforestales despoblados se distorsionan, se degradan, colapsan. En este escenario se añade incertidumbre y complejidad a la solución de los conflictos socio-ambientales. El constructo ser humano/ecosistema se desequilibra poco a poco sin que nadie haga nada para evitarlo. Las raíces se marchitan en favor de la homogeneidad, de la búsqueda de lo económico a ultranza como «solución» ante una situación desesperada, como la bienvenida a las actividades extractivas.
b) Pérdida de biodiversidad. Si se abandonan los aprovechamientos tradicionales se pierde biodiversidad. Por un lado, se pierden especies vegetales y animales autóctonas. Estas especies, muy rústicas, son las más adecuadas para afrontar la crisis climática. Las especies adaptadas a la zona suelen ser sustituidas por otras variedades más productivas o, simplemente, desaparece la actividad agraria en las zonas afectadas y, con ella, las costumbres y los saberes tradicionales.
c) Erosión. El suelo es un recurso natural no renovable, lo que implica que su pérdida y degradación no son reversibles a escala humana. Con menos de 5 t/ha/año, Castilla y León es una de las CC.AA. en las que menos pérdidas de suelo se registran por erosión, pero es un territorio endémico para los grandes incendios forestales lo que supone el peor daño ecológico, al eliminar la fuente de nutrientes para la vegetación y la fauna. El mantenimiento de las prácticas de aprovechamiento tradicionales y el fomento de la agricultura de conservación, son vitales para evitar este brutal impacto.
d) Más incendios. El abandono del campo provoca que las zonas forestales se expandan de forma incontrolada. De esta forma, se genera un polvorín a expensas de un descuido o de un terrorista de la llama; pero también de una meteorología adversa: el calentamiento global expande los períodos de sequía, las olas de calor. El incendio provoca emisiones de gases de efecto invernadero y contaminación atmosférica, pérdida de biodiversidad y erosión; éstas intensifican el cambio climático, y el cambio climático aumenta el riesgo de incendios.
► Por un modelo que mire al MONTE y reduzca el riesgo de desastres.
Cada sociedad es responsable de elegir y de aplicar soluciones capaces de generar adaptación a las limitaciones y a los riesgos de su medio ambiente. Sin embargo, a pesar de los compromisos para aumentar la resiliencia, abordar el cambio climático y crear vías de desarrollo sostenible, las elecciones sociales, políticas y económicas actuales están haciendo lo contrario, al menos en nuestra comunidad autónoma. La ausencia de una ordenación del territorio efectiva, de una normativa exigente en materia de adaptación al cambio climático o la falta de interés por crear empleo decente que cuide nuestros montes, está provocando que estos se estén convirtiendo en bombas de relojería que solo esperan a que su mecha sea prendida para convertirse en superincendios. Estamos convirtiéndonos en sociedades cada vez más vulnerables a los riesgos climáticos, se están perdiendo miles de puestos de trabajo y estamos asumiendo el quebranto de nuestras bases biofísicas que nos llevan a un escenario de empobrecimiento e insalubridad. Es, por tanto, urgente que en Castilla y León se impulsen por fin políticas capaces de anticipar los riesgos climáticos, combinadas con medidas que puedan orientar a los diferentes sectores productivos hacia una economía más resiliente. En UGT Castilla y León entendemos que es una necesidad imperiosa la articulación de una gobernanza con capacidad de aumentar la resiliencia de nuestros ecosistemas y nuestra sociedad, que garantice el empleo verde y decente, la salud y la seguridad en el trabajo, y medidas de protección social para que nadie quede atrás. Es decir, una gobernanza para una transición ecológica justa.
► Por un modelo que mire al MONTE y a sus habitantes.
En UGT Castilla y León, entendemos que el medio rural es esencial para mitigar los grandes incendios forestales. Hay que mirar al monte con medidas que den vida a los pueblos, donde se fomenten otros empleos verdes y de calidad que ayuden a reducir la pérdida de biodiversidad, a mitigar el cambio climático y a prevenir los incendios forestales. Algunos ejemplos de sectores en esta línea son la ganadería extensiva y el pastoreo, la agricultura ecológica, el turismo sostenible, el aprovechamiento sostenible de biomasa o actividades como el corcho, la obtención de resina o la micología y la apicultura. Pero para impulsar estas actividades es necesario afrontar el reto demográfico, un conflicto urgente que pasa por la eliminación de la brecha digital de las zonas rurales y el mantenimiento de las infraestructuras y los servicios esenciales. Todo esto cuesta menos que apagar incendios durante semanas.

► Por un modelo que mire al MONTE y al empleo verde y decente.
Los expertos apuestan por las políticas de adaptación al cambio climático como claves en este asunto. El mensaje es claro: no podemos abandonar a la suerte meteorológica nuestra exposición y vulnerabilidad ante los incendios forestales. No podemos depender de la extinción de fuegos a ultranza para defendernos de los mismos. El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-30 incluye numerosas medidas que pretenden mitigar los riesgos climáticos. Sin embargo, la persistencia de medidas inadaptadas, agravan el riesgo de resultados climáticos adversos, que pueden aumentar la vulnerabilidad ante los mismos o reducir el bienestar presente o futuro.
Por ello, desde UGT Castilla y León defendemos que los incendios no se combaten, sino que se previenen, aplicando una política forestal integral y sostenida en el tiempo, que evite el círculo vicioso entre cambio climático e incendios forestales. Esta política debe contar necesariamente con los medios técnicos y humanos adecuados, pero también y especialmente con la dignificación de las condiciones de estos trabajadores, y con mayor estabilidad en un empleo que carece del reconocimiento social que merece.
► Por un modelo que mire al MONTE y al personal dedicado a la prevención y extinción de incendios.
Además de lo anteriormente expuesto, UGT Castilla y León defiende:
⇒ El establecimiento de una planificación territorial adecuada, implementando políticas de desarrollo rural que fijen a la población y creen empleo verde y decente. Por ejemplo, con la recuperación de actividades silvopastoriles para hacer frente a los incendios forestales al mismo tiempo que se incentiva la economía y se asienta población rural.
⇒La reducción de los riesgos climáticos, con la integración de las proyecciones climáticas y las medidas de adaptación en las políticas y acciones de lucha contra los incendios forestales. Por ejemplo, mediante actividades como la extracción, reducción y adecuación de las masas arbóreas y arbustivas a través de trabajos de silvicultura, se puede contribuir a la disminución de la carga de combustible, la apertura de áreas cortafuego o la práctica de tratamientos frente a plagas y enfermedades.
⇒ La elaboración de un plan real y eficaz contra los incendios y por la prevención forestal. Deben estar dotados de partidas presupuestarias suficientes, aumentando el empleo en el sector, garantizando la continuidad durante los 12 meses del año de los trabajadores y el establecimiento de labores preventivas especialmente en los meses con menor riesgo de incendio.
⇒ La aplicación de la Ley Básica Estatal de los Agentes Forestales y Medioambientales, pues a pesar de haberse aprobado hace diez meses, aún quedan disposiciones clave pendientes de desarrollar, como la adaptación de los tiempos de trabajo, el reconocimiento de enfermedades profesionales o la posibilidad de jubilación anticipada.
⇒ El incremento del empleo dedicado a la conservación y el cuidado de la naturaleza y los espacios protegidos. Debido al descenso constante y paulatino de los puestos de trabajo en estos sectores en los últimos años, las dotaciones de personal se encuentran bajo mínimos, provocando en ocasiones situaciones de riesgo donde la integridad física de las personas trabajadoras se ve seriamente en peligro.
⇒ Promover campañas para sensibilizar y concienciar a la sociedad en su conjunto sobre la vinculación de cambio climático y los incendios forestales y sus graves consecuencias. Sobre todo allí donde el fuego supone un drama socioeconómico (como en el NO de Castilla y León), dirigido a esas poblaciones y a sus visitantes para una mayor concienciación.
Fuentes:
– La nueva realidad de los incendios forestales ante el cambio climático. Secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente. UGT-CEC.
– Informe sobre incendios forestales en España en 2021. FeSP-UGT.
– Foto portada: César Hornija/ICAL. Otras: Sxenick y Emilio Fraile/Europa Press.

Sorry, the comment form is closed at this time.