16 Feb Energía, clima y derechos: la pobreza energética en el centro de la transición justa.
Del 17 al 23 de febrero se conmemora la Semana Europea de lucha contra la Pobreza Energética para reivindicar la visibilidad del problema y buscar nuevas soluciones por parte de administraciones, agentes sociales y económicos y ciudadanía.
La pobreza energética como expresión de la crisis socioecológica y de un modelo energético que profundiza la desigualdad, pone de manifiesto la vulnerabilidad de miles de hogares en España y Castilla y León.
► La pobreza energética afecta a la salud y al bienestar de las personas.
La calefacción, la refrigeración, la iluminación y la energía adecuadas para los electrodomésticos, son servicios esenciales que se necesitan para garantizar viviendas energéticamente eficientes y un nivel de vida y salud dignos. Sin embargo, muchas familias son incapaces de satisfacer una cantidad mínima de servicios energéticos para sus necesidades básicas, como mantener el hogar en unas condiciones de climatización adecuadas para la salud (18 a 21ºC en invierno y 25ºC en verano, según los criterios de la OMS). Este fenómeno se denomina «pobreza energética».
Hay que señalar que vivir en una vivienda con temperaturas inadecuadas en invierno/verano o con moho y humedades, influye directamente en la privación material –tener que elegir entre calefacción o alimentación, o calefacción o material escolar–, en el absentismo o bajo rendimiento académico en la población infantil, en la disminución de los contactos sociales y de las oportunidades educativas y laborales de las personas adultas, o en la salud.
En este último caso, la pobreza energética está relacionada con una mayor prevalencia de enfermedades físicas y mentales (asma, artritis, reumatismo, depresión, ansiedad, etc.), que afectan más intensamente a segmentos de población vulnerables como niños, adolescentes y ancianos.
La pobreza energética puede surgir debido a diferentes factores que suponen un aumento de la vulnerabilidad, como la inestabilidad e informalidad de la mano de obra con bajos salarios, el mayor coste de la vida, la eficiencia energética de la vivienda o la falta de conexión formal a redes energéticas fiables, entre otros. Sin embargo, tal y como se puede ver en el siguiente gráfico, es preciso ir más allá de la tríada «bajos ingresos – baja eficiencia energética – gasto elevado»; de hecho el Comité Económico y Social Europeo habla de factores sociales, medioambientales económicos y geopolíticos, y exige una perspectiva integral que implique un análisis global del problema y la participación de las partes interesadas: consumidores, organizaciones de la sociedad civil (incluidos los sindicatos), instituciones públicas y empresas, entre otros.

Las causas de la pobreza energética son profundamente estructurales. "Papel del trabajo social y los servicios sociales en la lucha contra la pobreza energética" Papeles de Energía, 2019. Funcas.
► Actualización de indicadores.
Teniendo en cuenta los datos del «Balance de las actuaciones contra la pobreza energética y actualización de indicadores 2018 – 2024» , donde se explica y analiza la evolución en ese periodo de tiempo de la pobreza energética por medio de cuatro indicadores, podemos observar la evolución a partir de la siguiente tabla:
Evolución de los indicadores relevantes de pobreza energética desde el año 2018 hasta 2024.
Indicador 2018 2019 2020 2021 2022 2023 2024
Gasto desproporcionado (% hogares).* 15,56 15,6 16 15,6 16,9 17 17,2
Pobreza energética escondida (% hogares).** 10,57 10,60 10,30 9,30 11,30 11,80 12,60
Temperatura inadecuada en la vivienda en invierno (% población). 9,10 7,60 10,90 14,30 17,10 20,70 17,60
Retraso en pago de facturas de suministros de la vivienda (% población). 7,20 6,60 9,60 9,50 9,20 9,60 9,70
*El gasto energético en relación con sus ingresos es más del doble de la mediana nacional. **Porcentaje de los hogares cuyo gasto energético absoluto es inferior a la mitad de la mediana nacional.
Como podemos comprobar, nuestro país no muestra una evolución positiva de sus datos en materia de pobreza energética al menos en tres de los cuatro ítems en el período 2018-2024; se trata de una cuestión que, trasladada al ámbito europeo, es destacable (ver mapa sobre el índice de incapacidad de mantener la casa adecuadamente cálida) a pesar de que el dato que mejora es el de los «hogares con problemas para mantener su hogar caliente» en términos relativos. Según datos del Centro de asesoramiento sobre pobreza energética de la Comisión Europea, España estaba a la cabeza en 2023 –junto con Portugal– con un 20,8% de hogares en esta situación, prácticamente doblando la media europea del 10,6% de la población que no pudo mantener su hogar adecuadamente caliente. En 2024, a pesar del descenso al 17,6%, España es el cuarto país con más hogares con incapacidad de mantener la casa adecuadamente cálida, solo por detrás de Lituania (18%), Bulgaria (19%) y Grecia (19%). El indicador medio en Europa sobre el número de europeos que no pueden mantener sus hogares adecuadamente calentados registró una trayectoria descendente (9,2% en 2024, frente al 10,6% en 2023). Esta tendencia positiva se debe a una combinación de factores, entre ellos la reducción de los precios minoristas del gas y la electricidad, la implementación de medidas de eficiencia energética en los países de la UE y una mayor comprensión de la pobreza energética y las poblaciones afectadas.

Los datos más recientes para el caso de Castilla y León (que eran del 8,7% de los hogares con una temperatura inadecuada en 2021), son desalentadores según esta fuente europea, alcanzado el 14%. No es, sin embargo, un dato sorprendente si tenemos en cuenta los datos estimados del «Informe de Indicadores de Pobreza Energética en España 2024» de la Universidad de Comillas y los de «Estado de la pobreza. Castilla y León», de EAPN España; este último indica que la tasa AROPE de Castilla y León era en 2024 del 24%, es decir, que el riesgo de pobreza y/o exclusión social se incrementa hasta cifras nunca vistas desde 2014, aproximándose a una media nacional cada vez más baja (25,8%).
► Mujer con menores a su cargo, el perfil de la pobreza energética.
Con un 17,2% de los hogares españoles realizando un gasto excesivo para poder pagar la energía, y con el 17,6% de la población (casi 9 millones de personas) viviendo en hogares con una temperatura inadecuada, en nuestro país no se puede mirar para otro lado más tiempo.
El perfil socioeconómico suele corresponderse con hogares vulnerables y altamente vulnerables, con bajas rentas y que suelen cumplir con las condiciones de acceso al bono social de electricidad en cuanto a su nivel de ingresos y/u otras características de la unidad familiar. No obstante, el bono social que busca paliarla solo alcanza a 1,7 millones de beneficiarios (en Castilla y León alcanza al 19,5% de los hogares vulnerables, como podemos ver la siguiente imagen de un informe de FUNCAS), lo que indica que todavía existe un número significativo de potenciales beneficiarios que no están aprovechando esta ayuda.

En términos generales, la probabilidad de experimentar pobreza energética es mayor en hogares con determinados perfiles, entre los que se incluyen: hogares de gran tamaño, especialmente con presencia de menores; hogares con una sola persona progenitora, en su mayoría monomarentales; hogares con ingresos reducidos procedentes de subsidios o prestaciones; hogares encabezados por mujeres; y hogares en los que la persona sustentadora principal tiene una nacionalidad distinta a la española o posee doble nacionalidad. Una característica transversal en estas tipologías de hogares es la presencia femenina, lo que evidencia que el género constituye un factor de vulnerabilidad específico (una realidad que ha sido ampliamente documentada en estudios de entidades como Cruz Roja).
En cuanto al régimen de tenencia de la vivienda, aunque no explica por sí sólo los niveles de precariedad energética, los hogares en régimen de alquiler se asocian con una mayor probabilidad de experimentar esta situación. Desde el punto de vista territorial, destaca el mayor gasto energético, real y requerido, de los hogares situados en zonas rurales, particularmente en calefacción, así como una brecha más amplia respecto al gasto teórico. Esta situación se asocia a factores como la mayor prevalencia de viviendas unifamiliares de más antigüedad, generalmente de mayor tamaño y con peor aislamiento.
► La transición justa y la acción climática como respuestas a la crisis energética.
Ya hemos señalado las causas de la pobreza energética y algunas de sus consecuencias. Desde una perspectiva más amplia, habría que añadir su interrelación con la crisis climática, y es que no podemos contribuir en la lucha contra el calentamiento global sin incluir el problema de la pobreza energética. Esta interrelación se comprende, por ejemplo, observando cómo España se encuentra entre los 24 países más afectados por fenómenos climáticos extremos, según recoge en su última edición del Índice del Riesgo Climático Global de 2026. Es evidente que la crisis socioecológica y la pobreza afectan gravemente a las comunidades vulnerables y desemboca en una gran desigualdad social, por lo que hay que abordar la transición ecológica desde una perspectiva de lucha contra la vulnerabilidad social.

Desde UGT entendemos que debemos acelerar la acción climática, incluyendo medidas tanto de mitigación como de adaptación, al mismo tiempo que se apuesta por la transición hacia una energía renovable siempre de forma democrática y sostenible, con el centro en las personas más vulnerables. La ecuación es sencilla:
EFICIENCIA ENERGÉTICA + ENERGÍA RENOVABLE + TRANSICIÓN ECOLÓGICA JUSTA = LUCHA CONTRA (EL CAMBIO CLIMÁTICO + POBREZA ENERGÉTICA).
En este sentido, a pesar de las expectativas del Pacto Verde Europeo en España (a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia y de la Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030), y sobre todo de la puesta en marcha de la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética (ENPE) 2019-2024, ni hemos asistido a cambios de gran calado en la lucha contra el cambio climático, ni la lucha contra las desigualdades sociales ha sido suficiente para revertir la pobreza energética en nuestro país. Según ECODES, tan solo el 21% de las medidas contempladas en la estrategia se han implementado completamente y, además, un 42% de las medias no se han puesto en marcha, entre las que se encontraba un nuevo bono social energético.
Hay una serie de instrumentos de los que se esperan resultados positivos para mitigar la pobreza energética, como la actualización del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), o la inminente actualización en 2026 de la ENPE 2026-2030 y de la entrada en vigor del Plan Social para el Clima (PSpC) 2026-2032, que no deberían sufrir más demoras. Además de la realización de un estrecho seguimiento de dichos compromisos, desde UGT instamos a introducir medidas que incluyan:
● Revisar el mecanismo de concesión del bono social siguiendo el ejemplo del modelo portugués para que llegue exclusivamente y de manera
automática a las personas que lo necesiten.
● Consolidación de la prohibición de cortes de suministro por impago a los hogares en situación de vulnerabilidad en base al “principio de precaución”.
● Avanzar en la acción climática y en una transición justa hacia un sistema energético que proporcione energía asequible, fiable, renovable y limpia, especialmente a los más vulnerables, creando al mismo tiempo empleos verdes y decentes.
● Adoptar medidas de eficiencia energética, como programas de rehabilitaciones profundas de viviendas sociales, públicas y de bajos ingresos, que reduzcan la demanda de energía y disminuyan la factura energética, creando simultáneamente nuevos empleos de calidad.
● Priorizar las inversiones, ayudas o subvenciones para la rehabilitación energética a los hogares que no pueden asumirla.
● Mejorar la información, capacitación y empoderamiento de los consumidores más vulnerables para controlar y ahorrar en el consumo energético.
● Invertir en servicios municipales para hacer frente a la pobreza energética y ayudar a las familias y grupos de difícil acceso.
Fuentes:
– «Análisis de las políticas contra la pobreza energética en España: una aproximación territorial». Papeles de Energía, N.º 30 (diciembre 2025). FUNCAS.
– Asociación de Ciencias Ambientales (ACA).
– «Balance de las actuaciones contra la pobreza energética y actualización de indicadores 2018-2024«. MITECO, 2025.
– «El estado de la pobreza. Avance de resultados«. L. Canals Botas y A. Sanz Angulo. EAPN España, 2025.
– «Estado de la pobreza. Castilla y León». EAPN, 2025.
–«Estudio monográfico IDAE: Diagnóstico de la pobreza energética en España: Principales resultados a partir de un panel de hogares». IDAE, 2025.
– «Índice del Riesgo Climático Global 2026″. L. Adil, D. Eckstein, V. Künzel, L. Schäfer. Germanwatch, 2026.
– «Informe de Indicadores de Pobreza Energética en España 2024». J. C. Romero Mora, R. Barrella, E. Centeno Hernáez, et al. Universidad de Comillas, 2025.
– «La pobreza energética en España en 2023». Servicio de estudios de UGT, 2025.
– «La pobreza energética, una problemática con muchos retos por delante». Cruz Roja.
– Panel de indicadores. Centro de asesoramiento sobre pobreza energética. Comisión Europea, 2026.
– «Papel del trabajo social y los servicios sociales en la lucha contra la pobreza energética». E Escribano Alonso y P. J. Cabrera. Papeles de Energía, 2019. Funcas.
– «Transición Justa y Crisis Energética». The B Team. Confederación Sindical Internacional.

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