18 Jun Día Mundial del Refugiado: hasta que cada persona esté a salvo, seguiremos ahí.
Según ACNUR, se estima que, a finales de 2025, en el mundo había 118 millones de personas desplazadas por la fuerza.
Esto supone una disminución de unos 5 millones de personas, aproximadamente un 4% menos en comparación con el cierre de 2024.
► 20 de junio, Día Mundial de los Refugiados.
El Día Mundial del Refugiado es un día internacional designado por la ONU para honrar a las personas refugiadas y desplazadas de todo el mundo y para fomentar su comprensión y empatía hacia ellas; asimismo, la fecha permite reconocer su capacidad de resiliencia en la reconstrucción de sus vidas. Con el lema «Hasta que cada persona esté a salvo» se centra en el derecho a buscar protección como garantía común para todos nosotros. Hasta que cada persona esté a salvo, seguiremos ahí. Hasta que cada persona esté a salvo, el trabajo no habrá terminado.
► Una de cada 70 personas de la población mundial, se encuentra actualmente desplazada por la fuerza.
Según ACNUR en su informe sobre «Tendencias globales 2025», a finales de 2025 el número de personas forzadas a abandonar sus hogares era de 118 millones, es decir, un 4% menos en relación con el año anterior. Esta cifra incluye a 28,5 millones de personas refugiadas y a 67,2 millones de personas desplazadas internas (es decir, aquellas que abandonaron su hogar pero permanecieron dentro de su país). Asimismo, incluye 9 millones de solicitantes de asilo, 7,2 millones de otras personas que necesitan protección internacional y 6 millones de refugiados palestinos bajo el mandato de la UNRWA. La continuidad o el retroceso de esta tendencia – en lo que resta del 2026 – depende, sobre todo, de que cesen los enfrentamientos o de que se instaure la paz (particularmente, en la República Democrática del Congo, Sudán y Ucrania).

Casi el 50% de las personas desplazadas a finales de 2025 se encontraban sólo en 5 países: Sudán, Colombia, Siria, Yemen y Afganistán.
► 82,2 millones de desplazados internos a finales de 2025 en 104 países y territorios.
Según el Informe Global sobre Desplazamientos Internos 2025 (IDMC), a finales de 2025 los conflictos y la violencia han dejado a 68,6 millones de personas desplazadas internamente y los desastres 13,6 millones, es decir, un total de 82,2 millones. Los desplazados a causa de desastres han aumentado un 37%, una cifra creciente que habla de que cada vez resulta más difícil regresar al hogar. Muchas viviendas, infraestructuras y medios de vida quedan destruidos tras inundaciones, incendios o tormentas. Aunque en 2025 hubo menos evacuaciones que en 2024, más personas permanecieron desplazadas durante meses o incluso años.

Desplazamientos internos por conflicto y desastres en 2025. Fuente: Informe global sobre desplazamientos internos 2026.
► Disminuye el número de desplazamientos internos causados por desastres naturales en 2025.
El IDMC registró más de 62,2 millones movimientos en 146 países y territorios en 2025. Esto supone un descenso del 6% en comparación con 2024, pero oculta dinámicas divergentes. Los desplazamientos provocados por conflictos y violencia aumentaron casi un 60%, hasta alcanzar la cifra récord de 32,3 millones (los desplazamientos se
concentraron en gran medida en Irán y la República Democrática del Congo), mientras que los desplazamientos por desastres se redujeron un 35%, hasta los 29,9 millones, tras los niveles excepcionales registrados en 2024.
Por primera vez, los conflictos y la violencia provocaron más desplazamientos que los desastres, pero 42 países registraron movimientos vinculados a ambos factores, lo que pone de relieve la superposición recurrente entre los riesgos de conflicto y de desastre. Esto subraya la importancia de integrar el desplazamiento en los esfuerzos de reducción
del riesgo de desastres, adaptación al clima y consolidación de la paz, especialmente en los países frágiles y afectados por conflictos.
Los impactos climáticos tienen importantes repercusiones para un amplio abanico de derechos humanos, como son el derecho a la vida, a la salud, a la alimentación, al agua, a una vivienda adecuada y a la libre determinación, sobre todo en el Sur global. Este es un concepto geopolítico que refleja la situación de aquellos países que comparten una posición estructural de periferia o semiperiferia en el sistema-mundo moderno. Así, el cambio climático es un fenómeno global pero sus consecuencias se distribuyen desigualmente y tienen mayor gravedad en las comunidades más empobrecidas. Esto se debe, en parte, a una mayor exposición a los riesgos (como inundaciones o sequías) pero también a una mayor vulnerabilidad y una limitada resiliencia.
En este escenario, cada año, miles de personas tienen que huir de su casa como consecuencia de desastres naturales. Del total de estos desplazamientos, el 92% son consecuencia de tormentas (17,9 millones), inundaciones (7,9 millones) o incendios forestales (0,7 millones), correspondiendo el 8% a fenómenos derivados de riesgos geofísicos.

Distribución de los desplazamientos internos por conflicto y violencia (naranja) y por desastres naturales (azul) durante 2025. Fuente: Informe global sobre desplazamientos internos 2026.
Sin embargo, determinar quién es migrante climático es muy difícil, pues en muchas ocasiones es imposible determinar dónde está la frontera entre el que migra tras resultar directamente afectado por un desastre y el que se marcha por otras razones que hunden sus raíces en derivadas del cambio climático. En muchas ocasiones, el cambio climático da el empujón definitivo para que en Estados ya de por sí frágiles estalle un conflicto, lo que provoca que la gente tenga que emigrar. Sin acuerdo internacional sobre su denominación las consecuencias son muy graves en cuanto a la protección que pueden recibir, pues en el derecho internacional no figura el concepto de «refugiado climático». El Pacto Mundial sobre Refugiados, adoptado por una mayoría abrumadora en la Asamblea General de la ONU en 2018, abordó directamente la creciente preocupación que está suponiendo el desplazamiento por desastres relacionados con el clima, reconociendo que “el clima, la degradación del medio ambiente y los desastres naturales interactúan cada vez más con los impulsores de los movimientos de refugiados”.
Si no se actúa rápido, con el cambio climático los movimientos de población seguirán aumentando. Según la ONU, serán unos 200 millones de personas las que necesitarán anualmente ayuda humanitaria en 2050 por el impacto del cambio climático.
►España, en lugar destacado en el número de desplazados internos por desastres naturales.
Según el Informe Global sobre Desplazamientos Internos 2026 (IDMC) , las cifras para Europa y Asia Central no han variado con respecto a hace un año (5,9 millones de desplazados internos a finales de 2025, de los que el 13,5% son consecuencia del cambio climático). Además, durante 2025 se han producido casi medio millón de desplazamientos, la mayoría como consecuencia del cambio climático. Hay que destacar que nuestro país ha sido –detrás de Turquía y Grecia– el país con mayor número de desplazados internos por desastres, como consecuencia de los incendios forestales (30.000 personas) y consecuencia de fenómenos meteorológicos extremos (3.000 personas), que fueron de pocos días o semanas en la mayoría de los casos, pero que hablan de la vulnerabilidad de nuestro país ante los efectos del cambio climático.
Castilla y León fue la comunidad autónoma más afectada, como consecuencia de la oleada de incendios forestales que asolaron nuestro territorio durante el mes de agosto. Según este informe, un solo incendio forestal en Castilla y León provocó más de 19.000 desplazamientos, lo que motivó la implementación de medidas de emergencia, incluyendo ayudas económicas para las familias afectadas.

► Cambio climático y reducción del riesgo de desastres: una prioridad para España y Castilla y León.
Los desplazamientos internos suelen tener una duración limitada en España y rara vez alcanzan la magnitud de las grandes crisis humanitarias que se producen en otras regiones del mundo. Sin embargo, el hecho de que cada año decenas de miles de personas tengan que abandonar temporalmente sus hogares pone de manifiesto una realidad preocupante: el cambio climático está incrementando la frecuencia, intensidad y extensión territorial de los desastres, mientras que la adaptación y la reducción del riesgo no avanzan al mismo ritmo. Castilla y León constituye un ejemplo especialmente significativo. La despoblación rural, el abandono de usos tradicionales del territorio y el aumento de las temperaturas, entre otras cuestiones, están favoreciendo incendios cada vez más difíciles de controlar. Las evacuaciones registradas durante los grandes incendios de los últimos años no son únicamente la consecuencia del fuego, sino también de décadas de transformaciones territoriales y de una insuficiente adaptación a los nuevos escenarios climáticos.
La reducción del riesgo de desastres sigue ocupando un lugar secundario en las políticas públicas frente a la atención de las emergencias una vez que estas ya se han producido. Sin embargo, la experiencia demuestra que resulta más eficaz y menos costoso prevenir que reparar. Invertir en gestión forestal sostenible, restauración de ecosistemas, adaptación climática, ordenación territorial, protección civil y fortalecimiento de los servicios públicos constituye una herramienta esencial para evitar que miles de personas tengan que abandonar sus hogares cada año.
► Los desplazamientos climáticos también exigen respuestas en el mundo del trabajo.
Los miles de desplazamientos de origen climático no sólo plantean desafíos humanitarios, ambientales o de protección civil, también tienen una dimensión laboral cada vez más evidente. Cuando una persona no puede acceder a su puesto de trabajo debido a una evacuación, una inundación, un incendio forestal o una situación de riesgo grave e inminente, la crisis climática se convierte también en una cuestión de derechos laborales.
La experiencia acumulada durante los últimos años, especialmente tras la DANA de 2024, ha puesto de manifiesto la necesidad de adaptar las relaciones laborales a una realidad marcada por fenómenos extremos cada vez más frecuentes. En este contexto, el Real Decreto-ley 8/2024 incorporó el denominado «permiso climático», un nuevo derecho que permite a las personas trabajadoras ausentarse de su puesto cuando existan limitaciones o prohibiciones de desplazamiento acordadas por las autoridades competentes o cuando concurra una situación de riesgo grave e inminente derivada de una catástrofe o fenómeno meteorológico adverso.
Sin embargo, la respuesta no puede limitarse a actuar cuando la emergencia ya se ha producido. Desde UGT consideramos fundamental avanzar mediante la negociación colectiva y el diálogo social en la implantación de protocolos frente a catástrofes y fenómenos meteorológicos adversos. Estos protocolos deben contemplar sistemas de alerta, medidas preventivas, mecanismos de evacuación, adaptación de la jornada y de la organización del trabajo, garantías económicas y procedimientos claros de actuación para proteger la seguridad y salud de las personas trabajadoras.
La reducción del riesgo de desastres no debe entenderse únicamente como una política ambiental o de protección civil, pues también es una política de empleo, de salud laboral y de justicia social. En una comunidad como Castilla y León, especialmente vulnerable a los grandes incendios forestales, las sequías y otros impactos del cambio climático, fortalecer la prevención, la adaptación y la resiliencia de los centros de trabajo constituye una herramienta imprescindible para proteger a las personas, los territorios y el empleo.
Bibliografía:
– «Huir del clima. Cómo influye la crisis climática en las migraciones humanas». Greenpeace.
– «Informe mundial sobre desplazamiento interno 2026». IDMC.
– «Tendencias globales sobre desplazamientos forzados en 2025». ACNUR.

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