12 Jun Prevenir antes que apagar: la clave contra los incendios en Castilla y León.
Hoy, 12 de junio, comienza la época de alto riesgo de incendios en Castilla y León. Cada verano hablamos de extinción… pero la clave está en la prevención.
► Una amenaza que, lejos de mitigarse, sigue creciendo.
Con el inicio oficial de la época de alto riesgo de incendios forestales en Castilla y León, vuelve cada año una preocupación compartida: la amenaza creciente que los grandes incendios representan para nuestros montes, nuestros pueblos y las personas que viven y trabajan en el medio rural. Sin embargo, el debate público sigue centrándose con demasiada frecuencia en la capacidad de respuesta ante las emergencias, cuando la verdadera clave para reducir el riesgo se encuentra mucho antes de que aparezca el primer incendio: en la prevención y en la gestión sostenible de nuestros montes.
Los incendios forestales no son únicamente un problema ambiental. Constituyen también una cuestión social, territorial y laboral estrechamente vinculada a la despoblación, el abandono de usos tradicionales del territorio y los efectos cada vez más visibles del cambio climático. La acumulación de vegetación en extensas superficies forestales, consecuencia en gran medida de décadas de abandono rural, favorece incendios cada vez más intensos, rápidos y difíciles de controlar. Por ello, resulta imprescindible reforzar la gestión forestal activa durante todo el año. Las labores de prevención, silvicultura, mantenimiento de infraestructuras forestales y aprovechamiento sostenible de los recursos del monte no solo contribuyen a disminuir el riesgo de incendios, sino que generan empleo estable, fijan población y crean oportunidades económicas en las zonas rurales.
Las técnicas de silvicultura preventiva permiten:
- Favorecer el crecimiento de árboles más fuertes y maduros.
- Reducir la proliferación de matorral, uno de los principales combustibles de los incendios.
- Crear microclimas más húmedos que dificultan la propagación del fuego.
- Aumentar la resistencia de los bosques gracias a árboles con cortezas más gruesas.
Además, actuaciones como la poda de ramas bajas eliminan los llamados “combustibles en escalera”, evitando que el fuego pase del suelo a las copas y se convierta en un gran incendio.

► La bioeconomía forestal: prevención y empleo.
La prevención de incendios forestales debe entenderse también como una oportunidad para impulsar una bioeconomía forestal sostenible. El aprovechamiento de la biomasa procedente de restos de poda, clareos, desbroces o madera de bajo valor comercial permite reducir la carga de combustible acumulada en los montes y, al mismo tiempo, generar actividad económica vinculada a la gestión forestal sostenible. Esta estrategia contribuye a desarrollar cadenas de valor locales asociadas a la bioenergía y otros usos de los recursos forestales, favoreciendo la creación de empleo verde y la fijación de población en el medio rural. De este modo, la prevención deja de ser únicamente un coste para convertirse en una inversión con retornos ambientales, sociales y económicos.
Además, la experiencia demuestra que prevenir resulta mucho más eficaz y menos costoso que actuar cuando el incendio ya se ha producido. Cada euro invertido en gestión forestal, mantenimiento del territorio y reducción del combustible vegetal evita daños ambientales, económicos y humanos mucho mayores.
Por ello, la lucha contra los incendios forestales no puede limitarse a los meses de verano ni centrarse exclusivamente en los dispositivos de extinción. Requiere una apuesta decidida por la gestión activa de los montes, el empleo forestal estable y de calidad y el desarrollo de una bioeconomía que contribuya a hacer compatibles la conservación de los ecosistemas, la actividad económica y el futuro de nuestros pueblos.
Porque los incendios no solo se apagan: se previenen con gestión forestal, empleo digno y compromiso con el territorio.

► Por un modelo que mire al monte y reduzca el riesgo de desastres.
Estamos convirtiéndonos en sociedades cada vez más vulnerables a los riesgos climáticos, se están perdiendo cientos de puestos de trabajo y estamos asumiendo el quebranto de nuestras bases biofísicas que nos llevan a un escenario de empobrecimiento e insalubridad. Es, por tanto, urgente que en Castilla y León se impulsen por fin políticas capaces de anticipar los riesgos climáticos, combinadas con medidas que puedan orientar a los diferentes sectores productivos hacia una economía más resiliente. Desde una perspectiva sindical, la gestión forestal no puede centrar sus mayores esfuerzos a campañas estacionales de extinción; requiere de una planificación permanente, plantillas suficientes y estables, formación continua y una apuesta decidida por la gestión sostenible del territorio, por la prevención de incendios, entendida también como una oportunidad para impulsar empleo verde y de calidad. En un contexto marcado por la emergencia climática, avanzar hacia una transición ecológica justa implica proteger nuestros ecosistemas al tiempo que se generan empleos dignos y se fortalece la cohesión territorial. Invertir en prevención y gestión forestal es invertir en seguridad, biodiversidad, desarrollo rural y trabajo decente. Es, en definitiva, una de las mejores herramientas para construir territorios más resilientes frente al cambio climático y evitar que nuestros montes se conviertan en pasto de nuevos desastres relacionados con el fuego.
Fuentes:
– Fotografías: Portada de Marcos Francos Quijorna. Josefa Núñez Correa, Carlos M. Morales de Frías.

No Comments